viernes, 19 de diciembre de 2008

"Un año sin el cronopio", hoy Diciembre 19, 2008

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30 de noviembre de 2010
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PÁGINA PUBLICADA EN "EL ESPECTADOR"
Noviembre 29, 2008
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Los textos se publican más adelante.
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La página completa



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Una publicación de
NTC …
MATRIZ de esta página:
IGNACIO RAMIREZ PINZÓN
http://ignara-ntc.blogspot.com/
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Un año sin el Cronopio



"Hace un año, el 19 de diciembre, dábamos la noticia de la muerte del Cronopio Nacho Ramírez, desde el corazón, la literatura y el periodismo. ..." O. D.



Y lo mismo hicimos desde este blog






de NTC ... dedicado a Ignacio Ramírez, que hemos tratado de mantener en



MEMORIA Y RECONOCIMIENTOS al amigo.



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Sobre la noticia el 19 de Diciembre de 2007, ver:






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Textos de Oscar Domínguez, Leopoldo de Quevedo y Monroy,



Germán Uribe y Lina María Pérez



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Hace un año, el 19 de diciembre, dábamos la noticia de la muerte del Cronopio Nacho Ramírez, desde el corazón, la literatura y el periodismo. Vamos por partes.
Ese día, su hija Carmencita Ramírez Boscán, recibió en sueños la visita de su padre moribundo. El cronopio bogotano no quiso despertarla y le dio –dormida- la noticia de su próxima muerte, tan anunciada como deseada y aplazada. Diez minutos después se confundía con el silencio.
Carmencita narró la partida del Cronopio en un breve correo mañanero que me escribió desde su corazón atribulado:
Mi querido Oscar: Mi padre del alma, el gran Cronopio, vino esta madrugada muy a las 2: 50 de la mañana a encontrarme donde estaba. Me dejó sentir su angustia y desespero. Yo le dije que si tenía que irse que no me esperara, que no sintiera miedo y que volara con sus alas nuevas de ángel, y siguiera el olfato que bien podía orientarlo con ¡tremenda nariz! Pocos segundos después, una gran paz interior me invadió, al mismo tiempo que decía adiós. Solo quería contártelo primero. Karmen.
Esta fue mi respuesta:
Tenía razón tu hija Paula Van-grieken Ramírez quien desde niña quería ser “escritora y pintante”: su admirado abuelo Nacho no era inmortal como queríamos todos.
Sí, dejemos que el gran Nacho comparta su calidad y calidez con otros Cronopios que se nos adelantaron en el viaje con tiquete de ida nada más. Celebro la paz interior que te invadió después de pedirle que emprendiera el vuelo.
Con las equivocaciones que solemos cometer los padres para no perder la costumbre, Nacho te regaló el pez y te enseñó a pescar. Lo mismo hizo con tus hermanos Gretel y su doble, Miguel Iván. Y con quienes estamos por fuera de su exótico árbol genealógico wayúu-bogotano, en calidad de amigos. Menos mal clasificamos dentro de su corazón, siempre más grande que tres estadios Maracaná llenos.
Los mortales solemos tener algunos amigos (No caben más de cuatro, según las matemáticas de Carmen Balcells, apoderada del Nobel García Márquez). En el caso de Nacho no había una esquina, un atardecer, un silencio, donde no brotaran amigos suyos.
El Cronopio de la nariz quevedesca puede irse ya a oler las flores del jardín del tío Miguel a otras esferas. Tiene el visto bueno de quienes nos lucramos lícitamente – o ilícitamente, porque de todo hay en la viña del Señor- de su amistad, fuerza, generosidad y desbordado talento literario.
Me alegró mucho también ver de nuevo a Gloria, la Toya, tu mami. Me gustó más todavía que el coqueto Nacho le hubiera gastado parte de su poética prosa a la princesa wayúu, la madre de sus tres vástagos.
Que le haya acariciado su cabello en su habitación de la clínica, fue una forma muy suya de decirle adiós con toda la coquetería del caso. ¡Genio y figura! Cuando me contaste sobre ese encuentro se me escurrió una nada furtiva lágrima. También pensé que en alguna forma se estaba repitiendo, con variantes, la historia del amor en los tiempos del cólera.

Catala final para nuestro Cronopio

Ese mismo 19 de diciembre de 2007, parece que fue mañana, la escritora Lina Maria Pérez, daba la misma noticia a través de la red de Cronopios. Lo hacía así:

Ignacio esperó paciente. Por fin la muerte lo liberó a la vuelta de cualquier minuto en esta madrugada. En el prólogo de Fantasmas felices, su bello libro recién salido del horno, en el que retrató a los escritores que lo marcaron y a los parientes y amigos cronopios, Nacho escribió:
"Vivo con la muerte bajo el brazo. La llevo a todas partes y la gente me la reconoce en el semblante...embrujo a los brujos, compruebo a los yerbateros que yerbamala siempre muere, los curas se crucifican bendiciones en el nombre del padre... Ahora soy un feliz fantasma y ahora sé que la muerte es vida disfrazada de tiempo escurridizo... y me las doy de muerto de la risa mientras llega la hora de retornar a mi condición de calavera y luego al polvo que seré volando hacia la nada y el misterio con ínfulas rampantes de Barón Calvínico...."
La palabra de Nacho para hombres y mujeres de palabra, se hizo carne y muerte, ironía premonitoria y testimonio para releer. Nacho murió hoy 19 de diciembre a las 3 am.
En su lento adiós se lleva, como cola de cometa, la solidaridad y el cariño de todos sus amigos.


QUERIAMOS HARTO AL CRONOPIO

Desde el periodismo, di así la noticia:
El Cronopio Nacho Ramírez Pinzón fue un bogotano que nació y vivió en todas partes. Desde hace una década sobrevivió a las múltiples despedidas que le hicimos sus amigos (¿¡). Finalmente, en la madrugada del miércoles, “lo recogió el silencio” en su habitación 102 de la Clínica del Bosque donde lo mimaron.
Junto a su lecho, estaba su último libro “Los fantasmas felices”, editado por Teresa Montealegre. Sólo faltaba la crónica de su propia muerte que no escribió. Prefirió vivirla intensamente.
Tuvo por hábitat el mundo que recorrió desde al alfa hasta el omega, haciendo intensos viajes a Ítaca.
En el ámbito de su sabiduría, regaló el pez y enseñó a pescar. Utilizó sus destrezas para darse al prójimo. Por ejemplo, dando a conocer la vida y zozobras de escritores no mimados por las editoriales. También de los mimados, claro.
Puso la cultura en la canasta familiar al lado del pan y de la leche.
Dejó huella en cine, radio y televisión. En periodismo fue de la vieja y de la nueva guardia al mismo tiempo.
A “alegríadeleer” Ramírez Pinzón la plata – y la pensión de jubilación que nunca apareció – le llegó en forma de amor, humor, viajes, bohemia, cine, teatro, lecturas, escritos, de vida, que en él fue de una integridad y lealtad a prueba de polígrafos.
Activista aventajado de la cofradía del “carpe diem”, hizo del escepticismo una religión.
Reservó lo mejor para dejar salir el Quijote que lo habitaba, dándole vida a su agencia cultural-virtual Cronopios. Su corazón y su agencia fueron la casa de todos.
Nacho, ahora convertido en “fantasma feliz”, no murió, quedó encantado como el verso de Geraldino, e inmortalizado en la oración fúnebre que leyó desde el computador su nieta Paula el día del adiós.



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LA FOTO PUBLICADA EN EL ESPECTADOR con el anterior texto



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Foto: Archivo - El Espectador .



El legendario periodista Ignacio Ramírez, acompañado de sus muchos amigos en un coctel en 1954



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De Oscar Dominguez < oscardominguezg@etb.net.co >
para DESOCUPADO LECTOR < oscardominguezg@etb.net.co >
fecha 19 de diciembre de 2008 2:06
asunto Ese no es Nacho
(Le he enviado a un amigo de El Espectador el siguiente correo)
Saludos mil.
Acabo de ver en la web de El Espectador la nota sobre el Cronopio Nacho Ramírez. Agradecido. Hay un problema: ninguno de los personajes que allí aparecen son conocidos por este negro. Tampoco veo a Nacho. Es más, la foto parece de los años 20 o 30, y nosotros "los de entonces" no somos tan viejos. El que mira a la cámara para no quedar fuera de la foto, al centro, con bigote libidinoso de bolerista, se parece a Andrés Pastrana, o mejor a un tío opita de él. El que se apresta a pescar un bocado, en primer plano, no se me parece a nadie. El de la izquierda, que ya coronó su canapé, no es el Cronopio. Lo juro. Detrás de la dama que reparte bocaditos, hay uno con gabardina. La gabardina ni siquiera es de Nacho. No le conocí gabardina lícita ni ilícita alguna. El de gafas redonda, a la izquierda de la foto, al fondo, parece, remotamente, un valluno exdirector del Sena de nombre Alberto. La nuca del cliente de la derecha no la he visto en ningún supermercado. Hay un gordito por ahi que parece que no encontró con quién echar paja y parece hablar solo. No doy noticia de los demás lagartos. En casos como estos me pides fotos y te envio alguna. Tengo decenas. (También pequé por no haberte enviado alguna. Mea culpa). Od
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LA PALABRA ES UNA FICCIÓN CON IMAGEN Y SONIDO

Ilustración : www.arteespana.com/cuadros/g-altamira-2.jpg

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy. leoquevedom@hotmail.com , http://lequemo.blogspot.com/ . Colombiano

A la memoria de Ignacio Ramírez, Cronopios, en la víspera +19-12-07

Las palabras no nacieron dentro de los siete días que duró el sagrado mito narrado en diferentes biblias. Se levantaron de las aguas monstruos y sirenas, volaron entre las nubes pterodáctilos y codornices, se engendró la piedra sin pico ni alas y parieron las vacas terneros. Noé las arrinconó en su canoa y salvó a las cosas del ahogamiento. Pero las palabras tuvo que inventarlas el ser humano con sufrimientos y noches con hambre. Por milenios y centurias vagaron en su mente junto con los recuerdos y se mezclaron en su garganta con gritos, carcajadas y gemidos.

Un día que cayó en un hoyo abierto por la punta de una estrella que se quedó dormida, dijo ¡ay! y por primera vez articuló el homínido en su boca el dolor contra la roca. Con su incipiente sabiduría empezó a balbucir ensayos de sonidos que concordaran con lo que veía. Los ruidos de los truenos, el rugir del mamut y el rumor del fluir del río.

Alguna mañana, antes de tomar agua sin sal, hierbas y dátiles crudos en el desayuno, entre gruñidos de alegría y una mirada a la cara de su amada, le tomó las manos y le estampó un beso con chasquido en la mejilla y dijo emocionado: te amo. Fue la primera palabra que un humano dejó escabullir de muchas otras que pugnaban por salir de entre su tráquea. Desde aquel célebre momento, empezó el lenguaje a desgranarse en sonidos y mugidos en una cadena lenta y larga.

El homo sapiens descubrió, sin darse cuenta, que su lengua había estado trabada por miríadas y que a una cosa correspondía una serie de sonidos para identificarla. No estaba Chomsky presente ni Darwin ni Saussure para registrar y darle nombre a ese proceso. El caso es que las palabras empezaron a salir, como de una cartilla de primaria, con luces y colores, de la mente del primate.

Del contento de mamar el bebé el dulce chupo de la madre, salió la mmm que ronronea cuando extrae la leche de sus senos. Un ¡Ay! simbolizó el dolor cuando el mazo de piedra le caía sobre sus dedos y le rompía las uñas con que comía sin cuchara. Del balido de la oveja la nombró y del sonido que hace el perro cuando ladra aprendió a llamarlo guau, como cualquier niño que gaguea. Componer palabras debió convertirse para él un juego, como hoy lo siguen haciendo poetas y escritores. Más tarde se sentó ante el banco de una escuela frente a la piedra y pintó cebras, coyotes e hipopótamos como cualquier hippie que deja el rastro en las paredes de su cueva.

Ese es el milagro de meter en nuestra cabeza al universo y que Ares, Encarta y Wikipedia hayan llenado de páginas la pantalla para ahorrarnos el afán de volar hasta Egipto a conocer una pirámide o tener que ir en peregrinación hasta La Meca para conocer la Piedra Negra. Oír a Beethoven, Pavarotti o a la bella Amy Winehouse y beber gota a sus canciones hoy parece la cosa más sencilla.

El ser humano ha tenido que recorrer con más sudores que Matrix y sus contorsiones para inventar esta máquina de hablar, pintar y hacer salir de la mente, colores, notas musicales, sonetos de amor y crónicas que perduran los sucesos. Los idiomas son una película de ficción, con animales, astros, magia, traqueteos y jugueteos sin fin en una cama o el tecleo ante una hoja de titanio y plasma.
08-12-08 11:08 a.m.



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UN SER IDENTIFICADO CON CRONOPIOS

Foto del libro: http://ntcblog.blogspot.com/2007_05_06_archive.html No. 1.3

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy. leoquevedom@hotmail.com , http://lequemo.blogspot.com/

A Ignacio Ramírez +19-12-07
“Ahora soy un feliz fantasma y ahora sé que la muerte es vida disfrazada de tiempo escurridizo... y me las doy de muerto”…

Hace un año Ignacio Ramírez escribió una disculpa, elegante como él, a sus lectores. Lamentaba no estar bien para cumplirnos con la cita de la mañana a que nos tenía acostumbrados. El buen Nacho sabía que no podíamos sentarnos a la mesa del desayuno sin pasar por su escritorio a saludarlo con un clic y mirar por la ventana que nos abría para recrearnos con las novedades de la literatura.

“Murió de un cáncer del páncreas que acababa de despertársele. No se dejó visitar ni para enterrarlo. La crónica de esa muerte puede leerse en el libro Los fantasmas felices, escribió Jota Mario Arbeláez. “A Ignacio Ramírez me lo presentó el poeta Antonio Correa que lo conocía de antes” dijo Omar Ortiz ese mismo día. “Sabremos que Cronopios fue el mejor medio cultural. ¿Quién podrá reemplazarte? Con toda seguridad, la experiencia y tu gusto no lo vamos a encontrar en el recodo”, lo dije y lo sigo sosteniendo. “Mientras esperaba el taxi en la carrera 15, abrí su libro "La dama del guante verde" que llevaba en mis manos y en medio de la penumbra de aquella noche logré leer su dedicatoria: "para JBG, hermano en la palabra y amigo”, dijo Jorge Bustamante García. “En nuestro correo no hicimos sino… registrar acontecimientos culturales, estimular publicaciones,… dejar constancia del abandono consuetudinario a los hombres de palabra o asombrarse con ellos por permanecer vigilantes con su vocación indómita”, dijo Carlos Orlando Pardo. “Nacho encarnaba a aquel cronopio que conoció a una tortuga enamorada de la velocidad… Fue terco aliado de escritores y artistas colombianos, y en CRONOPIOS, su diario virtual, nos dio la oportunidad de emocionarnos trazando golondrinas en nuestros caparazones”*, escribió Lina María Pérez, quien lo mimó con su ternura en su lenta cama de tortura.

Eso era Ignacio para quienes gozamos de estar en su llavero. Su generosidad la conocimos todos, algunos no lo conocimos en persona. Unos, solitarios monjes en el eremo de las letras, otros, privilegiados ociosos que no sabemos otra cosa que jugar ajedrez con las palabras tuvimos la fortuna de aparecer entre sus fantasmas. “No sé a quién corresponda pedirle que conserve a Ignacio Ramírez en el ejercicio de la palabra, si a Yavé, a Jehová, a Buziraco, a Buda, a Zoroastro o a Yemayá, pero para curarme en salud, le pido a todos ellos que conserven la voz y el talento y el talante y la generosidad de Nacho por otros cincuenta años que, sumados, no son cien años de soledad”, finalizó sus recuerdos Juan Manuel Roca aquel luctuoso día.

Adoptó el nombre cortaziano de Cronopios para sí y para su Revista para hombres y mujeres de palabra, sin pensar en “fama” ni “esperanzas” ajenas y se puso al servicio de libros, viajes, utopías y cineastas, pintores y escritores. Desafió al tiempo y a la enfermedad para convivir con sus amigos y sus cuentos. ¿A qué horas trabajaba? ¿Cuántos textos le llegaban? Cómo manejaba las 50.000 y más suscripciones que alimentaba? ¿Cuánto tiempo demoraba buscando la imagen adecuada para encabezar el texto que escogía? ¿Cuántas horas le demoraba enviar los mails de su revista de ribete rojo a sus abonados? Eso no lo pensó él. Porque su pasión y vocación era acariciar los textos cuando encendía su máquina y, como un niño, hacer volar palabras por el plasma.
09-12-08 11:02 a.m.
*Citas y foto en NTC de Gabriel Ruiz Arbeláez: http://ignacioramirez-cronopio.blogspot.com/



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De Germán Uribe
Para NTC
Fecha 19 de diciembre de 2008 7:20
Amigos de NTCl, este artículo salió publicado en El Nuevo Siglo, el viernes 25 de enero de este año. Creo que no lo conocían . Va un abrazo para todos.
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Esquina cultural
Se nos fue Nacho, el Cronopio
Por Germán Uribe
Especial para EL NUEVO SIGLO



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Fue amigo mío aunque no nos frecuentáramos. Con Ignacio en persona sólo me crucé algunas veces. Retengo ahora una finca en Guasca, el apartamento de un colega nuestro y un cóctel en la Editorial Planeta. Probablemente hubo terceras ocasiones pero sospecho que ni él ni yo lo registramos cabalmente en la memoria. Fueron encuentros breves con sus inevitables intercambios sobre chismes de moda, o sobre los asuntos culturales y literarios del momento, si bien, eso sí, animados por el afán mutuo de deshacernos pronto, previa la complicidad de un brindis, del licor rebosante en la copa que siempre en aquellas circunstancias estuvo aferrada a nuestras manos. Así transcurrió el tiempo hasta que un día cualquiera del 2006 me sorprendió con un e-mail en donde expresaba su deseo de verme: "… aunque sea tomándonos un tinto en el parque de la 93 que sé que queda muy cerca de tu casa…". Pero éste que pudo ser el primer "encuentro" de verdad para los dos, nunca se dio. Culpa mía, Ignacio, por mi creciente e incontrolable tendencia "sesentona" de irme alejando cada vez más de la algarabía mundana.
Pero, con todo, mantuvimos por años una estrecha amistad virtual a través de su publicación diaria de Cronopios, de textos míos que divulgaba allí y de variados y afectuosos correos electrónicos.
Ignacio Ramírez Pinzón fue un lector desaforado y, más que un Quijote, "un animal cultural". No recuerdo a nadie de mi generación que haya desplegado con mayor constancia, frenesí y terquedad una actividad cultural -la suya, totalizadora, cubriéndolo todo- y una vocación literaria como él. Agitaba a sus lectores y corresponsales machucando esto y aquello pero sin irritarlos; seleccionaba y promovía sus gustos literarios y artísticos sin herir a los ausentes de sus, no obstante, generosas listas; incrementaba la participación de consagrados o noveles en estos campos, al tiempo que descubría nuevos nombres y valores en las letras y las artes de nuestro país desde su intenso "Diario Virtual Para Hombres y Mujeres de Palabra", que acertadamente llamó Cronopios, y que gracias a la Internet cubría la envidiable suma de más de 50 mil suscriptores.
Bien lo dice Juan Manuel Roca: "… la mitad de la vida se dedicó a hacer su obra, pero la otra mitad a complementar la obra de los demás".
Sus famosas Literalúdica y Ociolatría, iniciadas en las páginas de "Lecturas" de El Tiempo y más tarde restablecidas en El Nuevo Siglo en donde las mantuvo hasta pocas semanas antes de su muerte, terminaron por convertirse en un desafiante "registro de marca", en su impronta personal, impronta que, por sí sola, le otorgó un lugar de privilegio en la cultura colombiana contemporánea.
Trabajó por lo mismo y para lo mismo en la televisión, en la radio, en medios nacionales e internacionales y llegó a organizar cerca de veinte festivales culturales en algunos países europeos, y en la más reciente Feria del Libro de Bogotá se ocupó del lanzamiento de sus dos últimos libros: La dama del guante verde y Los fantasmas felices.
En resumidas cuentas, a Ignacio Ramírez lo desbordaron el amor por las letras y su ardor periodístico. Lo desbordaron, digo, porque mientras durante sus últimos años la enfermedad lo reducía, crecían su imagen de propagador de la cultura y desprendido generador de temáticas y nombres culturales, desvaneciendo con tal esfuerzo las inmensas posibilidades que tuvo de escribir una obra personal aún más variada y profusa que la que nos dejara.
Un sentido adiós a este noble amigo que lo fue de todos.
guribe@cable.net.co
Website: http://www.geocities.com/Athens/Forum/8886



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de Lina María Pérez <linmarperez@gmail.com>



para NTC <ntcgra@gmail.com>



fecha 19 de diciembre de 2008 8:01



asunto Re: >> "Un año sin el Cronopio Nacho Ramírez, ... desde el corazón, la literatura y el periodismo." O. D. HOY ...



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Un año sin el Cronopio.



A un año sin Nacho resulta manido decir cuánta falta nos han hecho él y sus Cronopios.



Basta imaginarlo en compañía de sus fantasmas felices para tener la certeza de que está mejor en el más allá. A veces su risa se asoma por la ventana disfrazada de canto de tominejo para renovar sus reflexiones, su poesía, su lúdica... Entonces ruego que su catala eterna no se interrumpa ante los rumores de lo que pasa aquí: las componendas de la política, las marulladas de la reelección, las monstruosas confesiones de los paras, los objetivos militares de las FARC, los secuestrados, los desplazados… y el telón de plomo de las pirámides para que no nos enteremos de los falsos positivos. Sigue tu catala, en tu cielo con Cortázar, Miller y Calvino. Pasa de largo, porque si te detienes un instante, tu reciedumbre ética no te permitirá vivir tu muerte en paz. Lina María Pérez Gaviria



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Actualizó: Actualizó : NTC … / gra Dic. 19, 2008. 9:27 PM