lunes, 22 de diciembre de 2014

IGNACIO RAMÍREZ, EL INOLVIDABLE CRONOPIOS. Por Leopoldo de Quevedo y Monroy y Por Óscar Domínguez

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En su 2a. etapa, provisional, publican y difunden 
NTC … Nos Topamos Con 

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IGNACIO RAMIREZ PINZÓN"NACHO", CRONOPIO
Bogotá, 1944 - Bogotá, Diciembre 19, 2007, de madrugada - "Aún hay más ..."
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IGNACIO RAMÍREZ, EL INOLVIDABLE CRONOPIOS
Proclama del Cauca | Viernes 19 diciembre, 2014 a las 11:35 am 
Loco-mbiano



Composición de fotos de Ignacio Ramírez y logo de Cronopios de:
http://ignara-ntc.blogspot.com/2007/12/contenido-general.html

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Inscripción que salía en la parte baja de la página de la Revista Cronopios 

Cómo rueda el tiempo por entre los dedos del reloj y se cierne sin dejar caer las harinitas... Apenas se sienten suaves cuando resbalan como los sueños de Dalí. Sin embargo, el tic-tac que puso en el éter Ignacio Ramírez en su revista de ribetes rojos, aún palpita cada segundo en las sienes de sus amigos.

Anteayer 19 de diciembre Lina María Pérez, Gabriel Ruiz, Fabio Martínez, J. Mario Arbeláez, Consuelo Triviño, Ricardo Bada, Juan Manuel Roca, William Ospina, Ana Mercedes Vivas, Milcíades Arévalo y 50000 abonados más, recordamos de nuevo agradecidos el servicio que le prestó a la difusión de la escritura.

 Al amanecer, sin falta y sin tocar la puerta, entraba Cronopios de puntillas a nuestra casa. Lo promocionaba en su inicio con el remoquete de “un diario virtual para hombres y mujeres de palabra”.

 Con gabán verde y sin pantuflas, cuidando de no hacer el menor ruido, tenía permiso siempre porque era un caballero de esos locos con los que emulaba Cervantes.

 Marco A. Valencia Calle y Gloria Cepeda me lo recomendaron cuando yo empezaba tímido a escribir perfiles y crónicas. “Por qué no envías tus cuartillas a Cronopios? – me dijo Gloria la de Canta la noche y Colombia, ahora, la poeta más profunda viva de nuestra patria. Y, un miércoles de semana santa le envié un texto que titulé: Judas, otra vez. Nunca pensé que le interesaría. Pero al día siguiente me apareció en la pantalla, sin que le corrigiera una coma, con una fotografía, al día, del ilustre ahorcado.

 Gabriel, como el arcángel que trae buenas noticias, me lo reenvió ese mismo día como un espaldarazo. En esa época tenía yo una cuenta abierta con hotmail y guardé muchos textos en un apartado anexo. Un día amanecí cortado y perdí la colección que Cronopios me había publicado. De inmediato me cambié a gmail en la casa del doctor Google que me ha tratado con largueza.

 Recuerdo que uno abría el ordenador y la página se llenaba al instante con dos textos con ilustración. Esa era una virtud que él se había inventado. Yo enviaba el escrito a secas, sin foto personal ni alusiva al tema. Nunca me gustó que mi cara apareciera. Solo mis ideas. Pero él, creo que gastaba el tiempo suficiente para encontrar en google la ilustración que encajaba con el contenido.

 Guardo aún en mi archivo la dirección que me facilitó Édgar Victoria González de un blog en donde él subía sus propios textos. Raramente se publicaba a sí mismo en Cronopios. Su diario estaba abierto a los demás y era un foro libre, sin censuras ni recortes o condiciones. Tal vez prefería la frescura, la novedad, el cuño del cincel, la marca del sudor y la sombra del fantasma naviero con pluma en mano que habitaba en él. Buen viento y loor a tus cenizas iluminadas.


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Noticia publicada por ProclamaDelCauca.com: IGNACIO RAMÍREZ, EL INOLVIDABLE CRONOPIOS
http://www.proclamadelcauca.com/2014/12/ignacio-ramirez-el-inolvidable-cronopios.html
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Fecha: 21 de diciembre de 2014, 22:42
Asunto: Siete años sin el cronopio Ignacio Ramírez
Para: CCO : NTC … 


SIETE AÑOS SIN  NACHO

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 Hace siete años  Carmencita Ramírez Boscán,  recibía en sueños la visita de su padre, Nacho Ramírez Pinzón. El cronopio bogotano no quiso despertarla y le dio –dormida- la noticia de su próxima muerte, tan anunciada como deseada y aplazada. Periodista hasta el final dio la chiva de su partida y diez minutos después se confundía con el silencio.

Carmencita narró la partida del Cronopio en un breve correo mañanero que me escribió:

Mi querido Oscar: Mi padre del alma, el gran Cronopio, vino esta madrugada muy a las 2: 50 de la mañana a encontrarme donde estaba.  Me dejó sentir su angustia y desespero.  Yo le dije que si tenía que irse que no me esperara, que no sintiera miedo y que volara con sus alas nuevas de ángel, y que siguiera el olfato que bien podía orientarlo con ¡tremenda nariz!  Pocos segundos después, una gran paz interior me invadió, al mismo tiempo que decía adiós. Solo quería contártelo primero. Karmen

Esta fue mi respuesta:

Carmencita, gracias por compartirme ese bello sentimiento. Sí, dejemos que el gran Nacho comparta su calidad y calidez con otros Cronopios que se nos adelantaron en el viaje con tiquete de ida nada más. Celebro la paz interior que te invadió después de pedirle que emprendiera el vuelo.

Con las equivocaciones  que solemos cometer los padres para no perder la costumbre, Nacho te regaló el pez y te enseñó a pescar. Lo mismo hizo con tus demás hermanos Gretel y su doble, Miguel Iván. Y con quienes estamos por fuera de su exótico árbol genealógico wayúu-bogotano, en calidad de amigos. Menos mal clasificamos dentro de su corazón, siempre  más grande que tres estadios Maracaná llenos. 

Los mortales solemos tener algunos amigos (No caben  más de cuatro, según Carmen Balcells, la apoderada del Nobel García Márquez). Nacho tenía amigos todas las tardes, en todos los oficios. No había una esquina, un aeropuerto, un silencio, sin amigos de Nacho.

El Cronopio de la nariz quevedesca puede irse ya a oler las flores del jardín del tío Miguel a otras esferas. Tiene el visto bueno de quienes nos lucramos lícitamente de su amistad, fuerza, generosidad y desbordado talento literario.

Me alegró mucho también ver de nuevo a Gloria, la Toya, tu mami. Y conocer a tu tía. Más me gustó todavía que el coqueto Nacho le hubiera gastado parte de su poética prosa a la princesa wayúu, la madre de sus tres vástagos. Que le haya acariciado su cabello en su habitación de la clínica, fue una forma muy suya de decirle adiós con toda la delicadeza del caso. Cuando me  contaste sobre ese encuentro se me escurrió una nada furtiva lágrima. También  pensé que en alguna forma se estaba repitiendo, con variantes, in articulo mortis, la historia del amor en los tiempos del cólera.

Catala final para nuestro Cronopio

Ese mismo 19 de diciembre de 2007, parece que fue mañana, la escritora Lina Maria Pérez, daba la misma noticia a través de la red de Cronopios. Lo hacía así:

 Ignacio esperó paciente. Por fin  la muerte lo liberó a la vuelta de cualquier minuto en ésta madrugada. En el prólogo de Fantasmas felices, su bello libro recién salido del horno, en el que  retrató a  los escritores que lo marcaron y a los parientes y amigos cronopios, Nacho  escribió:

 "Vivo con la muerte bajo el brazo. La llevo a todas partes y la gente me la reconoce en el semblante...embrujo a los brujos, compruebo a los yerbateros que yerbamala siempre muere, los curas se crucifican bendiciones en el nombre del padre... Ahora soy un feliz fantasma y ahora sé que la muerte es vida disfrazada de tiempo escurridizo... y me las doy de muerto de la risa mientras llega la hora de retornar a mi condición de calavera y luego al polvo que seré volando hacia la nada y el misterio con ínfulas rampantes de Barón Calvínico...." 

 La palabra de Nacho para hombres y mujeres de palabra, se hizo carne y muerte, ironía premonitoria y testimonio para releer. Nacho murió hoy 19 de diciembre  a las 3 am. 
En  su lento adiós se lleva, como cola de cometa,  la solidaridad y el cariño de todos sus amigos.


QUERIAMOS HARTO AL CRONOPIO

El Cronopio Nacho Ramírez Pinzón fue un bogotano que nació y vivió en todas partes. Desde hace una década  sobrevivió  a las múltiples despedidas que le hicimos sus amigos (¿¡). Finalmente, en la madrugada del miércoles 19 de diciembre, “lo recogió el silencio” en su habitación 102 de la Clínica del Bosque donde lo mimaron.

Junto a su lecho,  estaba su último libro “Los fantasmas felices”, editado por Teresa Montealegre. Sólo faltaba la crónica de su propia muerte que no escribió. Prefirió vivirla intensamente.

“No sé por qué no clasifico para muerto todavía”, decía en medio de la orgía de achaques que el azar en su extraña bondad le deparó en los últimos lustros.

Desde siempre, le sacó el mismo jugo a su destino trabajando en una emisora de pedal en Quibdó o en la Guajira (que le regaló a su amada Gloria Boscán, su princesa wayú, presente en la despedida, madre de sus tres hijos), que organizando festivales culturales en Viena.

O entrevistando cerebros prófugos en Europa. O jalándole a su oficio de hombre de palabra en Nueva York donde se movía como Woody Allen en Manhattan.

Tuvo por hábitat el mundo que recorrió desde al alfa hasta el omega, haciendo intensos viajes a Ítaca.

Cuando una persona conoce tanta gente y nadie despotrica de él,  como fue su caso, es porque su andadura fue correcta.

En el ámbito de su sabiduría, regaló el pez y enseñó a pescar. Utilizó sus destrezas para darse al prójimo. Por ejemplo, dando a conocer la vida y zozobras  de escritores no mimados por las editoriales.

Puso la cultura en la canasta familiar al lado del pan y de la leche.

Dejó huella en cine, radio y televisión.  En periodismo fue de la vieja y de la nueva guardia al mismo tiempo. Decenas nos lucramos lícita - e ilícitamente-  del Cronopio que ha partido. Nunca se dio el lujo subalterno de la quejumbre.

A “alegríadeleer” Ramírez Pinzón la plata – y la pensión que nunca apareció – le  llegó en forma de amor, humor, viajes, bohemia, cine, teatro, lecturas, escritos. En síntesis, de vida, que en él fue de una integridad y lealtad a prueba de polígrafos.

Activista aventajado de la cofradía del “carpe diem”, hizo del escepticismo una religión. Pero escéptico y/o agnóstico convencido gracias a Dios, sólo tuvo amigos. Los enemigos perdieron su tiempo con él.

Reservó lo mejor para dejar salir el Quijote que lo habitaba, dándole vida a su agencia cultural-virtual Cronopios. Su corazón fue la casa de todos.

Nacho, ahora convertido en “fantasma feliz”, no murió, quedó encantado como el verso de Geraldino.
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para:         ntc ntcgra@gmail.com
fecha:        22 de diciembre de 2014, 23:21
asunto:      Ignacio Ramírez. Archivo Digital de Noticias de Colombia y el Mundo desde 1.990 - eltiempo.com

Ignacio Ramírez
Por ÓSCAR COLLAZOS
EL TIEMPO, 27 de octubre de 2005. Opinión

No es frecuente que los escritores vivos se unan para reconocer en otro escritor virtudes que solo se reconocen a los que ya murieron. Tampoco es frecuente, por fortuna, que se llame la atención sobre la precariedad material en que vive un escritor, pues si algo distingue a un escritor económicamente desprotegido es el rigor inconfundible de su dignidad.
En países como los nuestros, en este lado del mundo, los ricos y los gobiernos hablan insistentemente de la cultura como signo de la identidad nacional, la supeditan, sin embargo, a las mezquinas leyes del mercado y las alharacas de la política.
Por ello, hablar de un escritor en problemas, y de problemas que atañen a su salud y a su supervivencia, es algo que debe tomarse con pinzas y sin mancillar el decoro.
Tal vez no exista en Colombia un escritor más secreto que Ignacio Ramírez, ni otro como él tan admirado y querido por sus colegas.
Hace 16 años publicó un libro de entrevistas con escritores colombianos de varias generaciones. Para hacerlo, recorrió muchos países del mundo, al lado de Olga Cristina Turriago, para ofrecer a los lectores uno de los testimonios vivos más indispensables en la literatura de las últimas décadas: Hombres de palabra.
Periodista, guionista de cine y televisión, escritor casi oculto de críticas literarias y ficciones, Ignacio salió de la prensa escrita, donde sostuvo una columna dominical en este diario (Literalúdica), para dedicarse a jugar cortazarianamente en el nuevo espacio virtual. Creó Cronopios, una página cultural diaria, distribuida gratuitamente a miles de suscriptores del mundo.
Nacho Ramírez ha sobrevivido a una enfermedad que no consigue doblegarlo.
Lo ha hecho con el milagroso empuje de quien tiene aún cosas que hacer y escribir a sus contemporáneos. Generoso y fraterno, pocos colombianos como él conocen a fondo la historia de nuestra literatura.
Muchos escritores, unidos en la fraternidad ave rara en las colmenas del ego, han empezado a pedir que, por la excepcionalidad de su caso y por la modestia desinteresada de su trabajo, sea distinguido de alguna manera.
No veo otra distinta del reconocimiento de una vida y una obra, no en razón de las dificultades por las que atraviesa, sino en recompensa sobradamente merecida por toda una vida al servicio de la cultura.
Sé que Ignacio Ramírez comprenderá los motivos de este llamado público: no hiere su sensibilidad ni perturba su discreción. Otros escritores lo están haciendo por el espacio virtual, pero me resisto a llamar ayuda todo gesto individual o institucional que no sea considerado como un reconocimiento material y moral a su labor creativa, algo que él jamás haría, pues nadie pide que lo recompensen por lo que ha nutrido su espíritu, aunque haya diezmado, eso sí, sus escuálidos bolsillos.
Estoy seguro de que la edición de sus textos literarios sería una grata sorpresa para los lectores que lo desconocen y motivo de placer para quienes conocemos insuficientemente unos pocos, los que ha ido publicando en las páginas de Cronopios. No estoy muy seguro, en cambio, del interés que esta iniciativa pueda tener en las grandes editoriales colombianas, obsesionadas hasta la injusticia con los libros de éxito rápido.
Dejo la siguiente iniciativa al Instituto Distrital de Cultura de Bogotá, donde trabajan personas sensibles que saben del malestar de la cultura de nuestro tiempo. Que se le conceda cuanto antes el Gran Premio al Mérito Cultural. 

En su 2a. etapa, provisional, publican y difunden 
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